La calidad de la legislación no es una cuestión de comunicación; es una prueba de fuego para el funcionamiento del Estado de derecho. Desde esta perspectiva, la práctica legislativa húngara de los últimos años ha sido difícil de defender: los procesos se han caracterizado, por lo general, por una precipitación en los trámites, a menudo carecen de respaldo profesional y apenas cuentan con rastros de consulta social —si es que la hay—.
Como abogados, no es exagerado afirmar que, en muchos casos, la calidad del marco normativo se ha deteriorado hasta alcanzar un nivel insostenible.
Los proyectos de ley de iniciativa parlamentaria como ’elusión sistémica“
Uno de los problemas más graves era que una parte considerable de la actividad legislativa del Gobierno se presentaba al Parlamento en forma de proyectos de ley de iniciativa parlamentaria. Esta técnica es formalmente lícita, pero, a nivel sistémico, puede dar lugar a:
- evaluaciones de impacto previas,
- la obligación de consulta social,
- y el escrutinio profesional.
Las consecuencias prácticas son bien conocidas: normas contradictorias, modificaciones posteriores para “apagar incendios” y una legislación cuya aplicación resulta incierta desde el mismo momento en que entra en vigor.
Esto no es eficiencia, sino irresponsabilidad institucional.
La erosión de la seguridad jurídica
La imprevisibilidad de la legislación no es solo un problema teórico. Tiene consecuencias económicas y sociales concretas:
- aumenta el riesgo jurídico interpretativo,
- el entorno de inversión se deteriora,
- y la confianza en el Estado y sus instituciones va en descenso.
En un Estado de derecho, la legislación no es una sorpresa, sino un punto de referencia. Cuando la normativa se modifica constantemente a posteriori, ese punto de referencia desaparece.
Un cambio de Gobierno: no es una solución milagrosa, pero sí una oportunidad real
Un cambio de gobierno, por supuesto, no garantiza por sí solo una mejor legislación. Sin embargo, supone una oportunidad para restablecer unas normas procesales mínimas. No se trata de una cuestión ideológica, sino profesional.
La verdadera medida del cambio no será lo que se regule, sino cómo:
- si se reanuda una consulta social significativa,
- si el “desvío” a través de los proyectos de ley de iniciativa parlamentaria llega a su fin,
- y si existe una verdadera evaluación de impacto y un diálogo profesional.
La calidad de la legislación no ralentiza la toma de decisiones, sino que evita que se cometan errores.
Las expectativas de un abogado: la equidad procesal
Como abogados, no esperamos contenido político, sino equidad procesal:
- una preparación transparente,
- plazos previsibles,
- y un enfoque que considere la crítica profesional no como una molestia, sino como un recurso.
La legislación no es una demostración de poder, sino una tarea de confianza pública.
No hablamos como personas ajenas al tema
Como abogados de origen húngaro, colegiados y en ejercicio en más de un estado —cinco en total—, no seguimos la evolución de la legislación húngara como meros observadores externos. En nuestra práctica internacional, vemos a diario cómo la calidad de un ordenamiento jurídico nacional influye en las decisiones económicas, la seguridad jurídica y la reputación internacional del país.
Precisamente por esta razón, participaríamos con mucho gusto y con sentido de la responsabilidad profesional en consultas sociales significativas, siempre que el proceso legislativo ofrezca una oportunidad real para dicha participación. Nuestra experiencia y nuestra perspectiva comparativa internacional pueden contribuir a garantizar que la normativa no solo sea eficaz desde el punto de vista político, sino también defendible desde el punto de vista profesional y sostenible.
Al mismo tiempo, como abogados, consideramos que es nuestro deber supervisar el procedimiento y la calidad de la legislación y, cuando sea necesario, formular críticas profesionales. No desde una perspectiva de oposición, sino por nuestro compromiso con los requisitos mínimos del Estado de derecho.
La consulta social no es un simple gesto, sino una estructura. Si esta estructura se restableciera de verdad, no solo querríamos participar en ella, sino que intentaríamos contribuir de forma activa.